UNA HERMOSA HISTORIA
Hijos del mismo Dios
"Tambien esta tarde es Abderraman quien me acompaña al eremitorio para la adoración: 200 mts que recorremos juntos, tomados de la mano y hablando del tiempo. ¿Sabes quien es Abderraman? Es un muchachito musulman de 8 años. En realidad no es posible saber exactamente su edad porque aquí no existe un registro civil y nadie toma nota del nacimiento de un niño; por eso pocas personas conocen su edad con precisión.
Abderraman no va a la escuela, aunque hay una mas allá de Oued, frecuentada por los europeos y por los hijos de algunos morabitas, los comerciantes del lugar. No va a la escuela, porque su padre Aleck no le deja ir.
"Aleck" le pregunto yo, "por qué no envías a tus hijos a la escuela?". Aleck me mira profundamente y me dice :"Hermano Carlos, no mando a mis hijos a la escuela porque se hacen malos. Mira a los niños que van a ka escuela : no rezan, ya no obedecen y solo se preocupan de vestir bien".
El sol se ha puesto y el aire se ha vuelto fresco, propicio para pasear. Siempre tenemos muchas cosas que contarnos con Abderraman porque nos queremos bien. Todas las mañanas me lo encuentro delante de la celda esperando que yo termine la meditación. Frecuentemente tomamos juntos el té; y él me dice que le gusta mucho el pan que yo hago. Abderraman siempre tiene apetito, pero nunca me pide nada: soy yo quien debe adivinarlo.
Esta tarde está serio y a duras penas responde a mis preguntas. Comprendo que tiene algo importante que decirme y que no se atreve.
Pero sé que no tardaré en saberlo, porque entre ambos no hay secretos.
- "Abderraman que te pasa esta tarde? ¿Por qué no me hablas?
Silencio
- ¿No has comido nada?
Silencio
- ¿Te ha pegado tu padre?
Silencio
- ¿Se te ha escapado el pajarito de la jaula?
Silencio
- "Pero habla Abderraman; abre el corazón a tu amigo, el hermano Carlos"
Abderraman rompe a llorar y su cuerpo se contorsiona y contrae.
Es un espectáculo verlo llorar; lo hace con ganas y las lágrimas, después de haber regado el rostro, continúan su marcha sobre el pecho y sobre el vientre.
Ahora soy yo quien hace silencio. Le apriento la mano fuerte en señal de afecto.
Abderraman me dice:
- " Lloro porque tú no te haces musulmán".
Yo exclamo: - "Oh, y por qué debo hacerme musulmán? Abderraman yo soy cristiano y creo en Jesús. Yo ruego como tú al Dios que creó el cielo y la tierra y nuestras oraciones van al mismo cielo, porque sólo hay un Dios. Y mi Dios es tu Dios. Es El quien nos ha creado, nos alimenta y nos ama..."
- "No, no" me grita Abderraman. "Si no te haces musulmán, iras al infierno como todos los cristianos... Me lo ha dicho el maestro de la escuela coránica, que todos los cristianos van al infierno, y yo no quiero que tú vayas al infierno".
Hemos llegado juntos al eremitorio y Abderraman se detiene. Nunca fue mas allá. Siempre se ha quedado a una decena de pasos de aquella construcción y ni por todo el oro del mundo entraría, como si allá dentro hubiera alguna cosa misteriosa y diabólica prohibida a los pequeños musulmanes. El amor que me tiene, y es mucho, siempre ha chocado contra este muro que nos divide y que esta tarde toma un nombre tan tremendo: infierno...
- "No Abderraman, Dios es bueno y nos salvará a los dos; y salvará a tu padre, y todos iremos al paraíso. No creas que por el solo hecho de que yo sea cristiano voy a ir al infierno como yo no creo que tú iras allá porque eres musulmán. Dios es tan bueno!... " "Vete a casa a hacer tus oraciones y al terminar di a Dios, como yo también lo haré, «Señor, haz que todos los hombres se salven»".
Entro triste al eremitorio, en esta pequeña construcción de barro, edificada por el mismo Charles de Foucauld, que quiso que le llamaran el Hermanito universal y que murió asesinado por la ignorancia y el fanatismo de los hijos de la misma tribu de Aleck y Abderraman. Esta tarde me costará orar. ¡Qué tumulto de pensamientos ha despertado en mi el pequeño amigo! ¡Pobre pequeño Abderraman! También tú eres víctima del fanatismo, del celo intempestivo de los llamados «hombres de Dios», de los religiosos que enviarían al infierno a la mitad del género humano, sólo porque «no son de los suyos». Qué doloroso es todo esto! ¿Como es posible que esto suceda? ¡ Que el hilo de amor que me une a mi hermano sea roto por el presunto «celo por Dios». Que la religión, en vez de ser motivo de unión, se convierta en trinchera de muerte o, por lo menos, de odio inconfensado. Mejor es no tener religión que divide. ¡Mejor palpar en la oscuridad que poseer una luz semejante!
Autor: Carlo Carretto, en "Cartas del Desierto".

HEMOSA TU PUBLICACIÓN DE HOY. QUIERA EL BUEN SEÑOR DE LA PAZ, QUE TODOS LOS QUE, CON LA MEJOR INTENCIÓN, FUIMOS EDUCADOS, MAS EN EL TEMOR AL INFIERNO QUE EN EL AMOR DE DIOS, PODAMOS DESTERRAR DE RAIZ TODO PENSAMIENTO QUE DIVIDE Y ATEMORIZA Y SEMBRAR EN NUESTRAS ALMAS SEMILLAS DE UNIÓN, ESPERANZA Y VIDA NUEVA EN EL ESPIRITU
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