FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Misterio insondable que nos es revelado sólo al corazón y por medio del Espíritu Santo...
"TODAVÍA TENGO MUCHAS COSAS QUE DECIRLES PERO USTEDES NO LAS PUEDEN COMPRENDER" "Entender" es una posibilidad que nos es dada gracias a nuestra inteligencia humana. Nuestras capacidad como seres racionales, nos posibilita entender racionalmente la realidad, analizarla, interpretarla y juzgarla. Pero "comprender" es algo muy distinto. Para comprender hace falta poner el corazón en movimiento. Es necesario que el corazón se disponga a la escucha y a la acogida de aquello que se me presenta. Nada puedo hacer con mi inteligencia. No hay nada para interpretar o para juzgar. Sólo cabe comprender, y eso es una tarea del corazón. Por eso Juan utiliza este verbo. Porque en la Trinidad no hay nada que entender, sólo podemos comprender... Tenemos que desprendernos de nuestra necesidad de entender con nuestra pequeña y limitada capacidad a Dios. Sólo así podremos empezar a ingresar en el misterio de la Trinidad.
Necesitamos recibir al Espíritu para poder comprender. Nuestro corazón humano está atravesado por muchas y diferentes situaciones que le limitan en su mirada. Nos cuesta acoger, porque tendemos a juzgar y a interpretar. Por eso la invitación que Jesús nos hace hoy es abrirnos al Espíritu para que sea Él quien infunda en nuestros corazones la gracia de comprender el misterio "inentendible" de la Santísima Trinidad.
"CUANDO VENGA EL ESPÍRITU DE LA VERDAD, ÉL LOS INTRODUCIRÁ EN TODA LA VERDAD".
Sólo Dios, a través del Espíritu Santo puede concedernos la gracia de entrar en la comprensión profunda y contemplativa de la Trinidad.
¿Y qué es la Trinidad? Es el corazón mismo de Dios. Es el misterio donde descansa y vive todo el Amor de Dios. Ese Amor es el que alimenta y perfecciona el Ser mismo de Dios, y a la vez, es el mismo Amor que se irradia a todo lo creado. Todo fue creado, redimido y es santificado en el día a día por la Trinidad. Dios (en la Trinidad) es quien sostiene nuestras vidas cada día en el existir...
Por eso comprender la Trinidad es como una relación de enamorados. Es el encuentro de dos corazones que se comunican algo que sólo ellos pueden darse: Amor. Ese amor es lo que permite descubrir al otro, conocerle en lo profundo y consolidar cada día ese vínculo entrañable...Bastan las miradas y el deseo de darse a conocer al otro y de recibirle y acogerle en su intimidad. No hay mucho que entender. Y si hay algo que requiere ser entendido, es supeditado a lo que llama a ser amado. Prima el amor por sobre todo.
La Trinidad es puro Amor, y como tal, busca la fecundidad. Por ello el amor trinitario no es un amor ensimismado ni egoísta que se encierra en sí mismo. Todo lo contrario: busca fecundar y dar vida. Por el bautismo, los cristianos hemos sido incorporados -por medio de Jesucristo- a la Trinidad, y de ésta forma Dios vive en mí y en cada bautizado. Este vivir de Dios en mí, hace que ese Amor que me habita, también busque ser fecundo y dar vida en otros. Esa sed de amar que todas las personas tenemos, es obra de la Trinidad en nuestras vidas, es fruto de lo que Dios hace en mí. Por eso, no sólo Dios vive en mí, sino que yo también -como bautizado- vivo en Dios. El amor genuino y puro, el que desea entregarse y plenificarse en el servicio a los demás, el que desea realizarse en la eternidad, son los latidos del corazón de Dios que, estando pegados al nuestro - como hacen los enamorados-, nos empujan a ser cada día más trinitarios.
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