Comentario al evangelio del día de hoy (EvDH) 16/05/13
Jn 17,20-26
"QUE TODOS SEAN UNO: COMO TÚ PADRE, ESTÁS EN MÍ Y YO EN TÍ, QUE TAMBIÉN ELLOS SEAN UNO"
Jesús pide al Padre el don de la Unidad. Él conoce el corazón humano y sabe de sus contradicciones y su malicia, fruto del pecado original, y por eso mismo sabe que no hay otro camino posible para vivir y hacer realidad su proyecto del Reino, que no sea la unidad.
Muchas veces he interpretado este trozo de la Palabra de Dios, como un imperativo (sean uno...). Sin embargo, hoy advierto que antes de trabajar en el esfuerzo de la unidad, debo partir de reconocer algo esencial, fundante para mi vida. Algo que no es menor; más aún quizás el misterio de los misterios de mi vida: Dios vive en mí. La Trinidad Santa vive y mora en mi interior. Dios es uno conmigo, aún cuando yo no caiga en la cuenta de ello. Dios vino a quedarse y a poner su morada en mi corazón y en mi vida y nada, ni nadie podrá echarlo de allí; sólo yo con mi decisión libre, deliberada y radical. Mientras tanto, Dios vive en mí y es uno conmigo. ¡QUÉ MISTERIO DE AMOR MÁS PROFUNDO..! La unidad antes que un imperativo (seamos uno con los hermanos...) es un indicativo (Dios uno y trino ya vive en mí y hoy es uno conmigo...) y sólo como consecuencia de ésta realidad de la vida de todo cristiano, es que estamos llamados a ser uno con los demás Es decir, a irradiar esa vida de Dios en nosotros hacia afuera...Es la experiencia de Jesús que hoy narra San Juan, esa unidad íntima de amor que vive con su Padre, hace que se proyecte como deseo de compartirnos esa sed de unidad divina a nuestra humanidad.
¡Cuántas preocupaciones se desvanecen al caer en la cuenta que Dios vive en nosotros..! ¡Cuántos esfuerzos y luchas se vuelven inútiles y estériles..! Sólo una actitud y una respuesta emergen ante tan grande don: el amor.
"LES DÍ A CONOCER TU NOMBRE, Y SE LO SEGUIRÉ DANDO A CONOCER, PARA QUE EL AMOR CON QUE TÚ ME AMAS ESTÉ EN ELLOS, Y YO TAMBIÉN ESTÉ EN ELLOS"
El Amor de Jesús no es cualquier amor. No es sometimiento, ni posesividad. Tampoco es una invitación a la alienación, la sumisión o el servilismo. El amor de Jesús es diferente, es especial. Connota dos impulsos muy profundos: es unificante y unificador. Es una experiencia que nos ayuda (interiormente) a superar las dispersiones y fragmentaciones, para unificarnos en esa experiencia de aceptar y recibir ese amor. Es una invitación a la experiencia más profunda de gratuidad: somos amados sólo porque Dios así lo quiere.
¿Hay algo más gratuito que el amor? El rostro del amor de Jesús, que nos muestra el Evangelio tiene dos dimensiones: UNIDAD y TRASCENDENCIA. Porque somos uno, desde esa experiencia de ser uno con Dios, es que podemos salir de nosotros mismos y trascender nuestras barreras humanas para encontrarnos con los demás y tender puentes de unidad. El camino inverso (buscar la unidad con los hermanos primero, para lograr la unidad con el Creador luego) sería un camino hecho de voluntarismo.
DANOS SEÑOR LA GRACIA DE ACEPTARTE EN NUESTRAS VIDAS PARA RECONOCERNOS UNO CON VOS, Y PROYECTAR ESA EXPERIENCIA PROFUNDA Y TRANSFORMADORA EN LA VIDA DE CADA DÍA CON NUESTROS HERMANOS...
No hay comentarios:
Publicar un comentario