domingo, 15 de septiembre de 2013

¿En qué Dios crees..?

Comentario al Evangelio del domingo
Lc 15, 1-32


Quién es tu Dios..? Cuál es su rostro..? Esta es la pregunta que subyace en el mensaje de Jesús hoy.

“Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos…”
La libertad que Jesús experimentaba era una libertad radical. Ningún falso respeto humano ni tampoco ninguna forma social de su época podía limitarlo… La espiritualidad de Jesús miraba al corazón herido de cada ser que se cruzaba y sólo eso le preocupaba…
Jesús responde con la conocida historia del padre y sus dos hijos: el rebelde y el leal. Aquí también podemos vislumbrar la libertad radical de los 2 hijos para elegir su camino. El rebelde sólo atina a decir “padre, dame la parte de la herencia que me corresponde” y emprende un camino cuyo retorno será penoso para él. Mientras que el hijo leal, al ver la reacción de su padre no puede menos que expresar “'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos…!”. Una reacción humana muy comprensible probablemente, para nosotros que vivimos en un mundo cuyo parámetro intenta ser la Justicia.

“Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'”
Jesús cierra la historia con estas palabras del padre. Y con ello quiere proponernos un nuevo modelo, una nueva manera de vivir. La justicia (dar a cada uno lo que le corresponde) es buena, pero insuficiente. Jesucristo quiere proponernos una nueva forma de vivir: LA MISERICORDIA.
Etimológicamente misericordia es una palabra compuesta, cuyas raíces latinas son miser= miseria y cordis= corazón. Podríamos decir que una acepción posible es compadecerse ante el sufrimiento.

“El padre dijo a sus servidores: Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos…”
Esta alegría del Padre y estos preparativos nos hablan de una fiesta. Pero no cualquier fiesta. Es una fiesta de alianza, “anillo en el dedo”… “ternero engordado”… Es una verdadera FIESTA DE ALIANZA. Y una alianza siempre se realiza entre dos personas que deciden unirse entregando simbólicamente algo propio, como ofrenda al otro con quien se une.
El Señor en este domingo quiere proponernos una alianza, UNA NUEVA ALIANZA, no ya realizada sobre la base de la justicia, sino uniéndonos en la MISERICORDIA. Y para ello, somos invitados nosotros a ofrendarle al Señor, nuestra miseria, y EL nos ofrece su corazón… para hacer realidad ese misterio de amor misericordioso… Dios pone su corazón en nuestra miseria. 


Esta es la base de la nueva alianza que nos propone el Señor. Vivir conscientes de nuestra fragilidad y nuestra pobreza pero sin sentir que ellas nos alejan de Dios. Todo lo contrario. Ellas son el objeto de amor de este Padre misericordioso para con nosotros. Allí pone su corazón; es decir, sus preocupaciones, sus delicadezas, sus permanentes cuidados y atenciones. 

Éste es el rostro del Dios cristiano, el Dios de Jesucristo. No es un dios de perfectos, sino un Dios Padre que ama a los pecadores, a los afligidos, a los que sufren. Y nosotros estamos llamados a vivir así. Amando, acompañando, acogiendo a quienes sufren, a quienes están extraviados, sin juzgar ni condenarlos. 
Demos Gloria a Dios por tener un Padre Bueno y misericordioso que nos ama así… ¡Qué libres podemos sentirnos y cuán amados…!

domingo, 8 de septiembre de 2013

La pobreza que libera...

Comentario EvDH
Lc. 14, 25-33

"COMO LO SEGUÍA MUCHA GENTE, JESÚS SE DIRIGIÓ A ELLOS Y LES DIJO..."
Jesús ve que mucha gente le sigue. Sabe que su palabra y su misión deslumbran a los de su tiempo.
Sin embargo, hace falta más que eso para seguirle...


"SI ALGUNO QUIERE VENIR CONMIGO Y NO ESTÁ DISPUESTO A RENUNCIAR..."
Jesús les habla de la renuncia como condición de seguimiento. Ya lo ha dicho muchas veces en su vida pública. Hoy se lo vuelve a repetir a la multitud.
La renuncia de la que habla Jesús se refiere al desprendimiento. Él, como hombre íntegro y pleno que es, sabe que somos seres hechos para la vida social y que nuestros afectos son una parte importante de la vida, por ello no nos pide "dejar de querer" a los nuestros. Sí nos pide, en cambio, una actitud de desprendimiento radical que no nos ate a nada ni a nadie.
¿Se puede vivir ésta libertad que Jesús nos pide?
Definitivamente sí. A condición de que asumamos que este desprendimiento es una gracia -consecuencia de nuestra decisión de seguir al Señor con actitud firme- que debe ser sostenida por una vida de oración y comunión profundas con el Señor, y por una sana forma de vincularnos con los demás.
Nadie, librado a su propia humanidad, puede vivir este desprendimiento. Nuestra condición humana tiende a hacernos seres posesivos y controladores. Buscamos seguridades en todo lo que hacemos: en los amigos, en el noviazgo, en una profesión, en el dinero, en nuestra imagen por la que tanto trabajamos para construir y sostener...
La invitación de Jesús hoy es a desprendernos de las preocupaciones que nos oprimen el corazón, que nos quitan la paz. ¡Cuántas ansiedades inútiles vivimos..! ¡Cuánto sufrimiento nos ahorraríamos si sólo aceptáramos la vida tal como es, y no nos empeñáramos en sufrir por lo que no tenemos, o por lo que no conseguimos..!
La cultura en la que hemos crecido nos ha enseñado que la pobreza es mala. Que es signo de mediocridad, y de falta de expectativas. La pobreza es un oprobio. Y claro que pensar en la pobreza, en términos materiales, es algo que nos asusta y nos atemoriza. La pobreza material no agota el sentido de la pobreza cristiana. No hay duda que quienes son pobres materiales, lamentablemente, viven muchas otras pobrezas que van aparejadas y que son lamentables e injustificables. Cristo mismo sufre en forma particular esas situaciones... Y nosotros estamos llamados a colaborar en todo para evitar, corregir, y ayudar en todo lo posible a estos hermanos.
Pero no son sólo pobres los que no tienen dinero. Somos pobres cada vez que nos aferramos a nuestras seguridades y nos declaramos independientes de Dios. Nos empobrecemos justo cuando empezamos a sentirnos seguros de lo que somos (moral, espiritual o profesionalmente), de lo que tenemos (dinero, bienes, honores) o de lo que carecemos (trabajo, una vida diferente, etc).
Por eso la pobreza cristiana (el desprendimiento) es una escuela  de libertad y sabiduría, de la que nunca nos graduamos.
La pobreza libera nuestro corazón para usar con libertad todo lo que tenemos (bienes, títulos, dinero) y compartir con nuestros afectos, sin aferrarnos a ellos.

"AQUEL DE USTEDES QUE NO RENUNCIA A TODO LO QUE TIENE, NO PUEDE SER MI DISCÍPULO..."
En el cristianismo, la pobreza se ha desnaturalizado en el momento en que se institucionalizó como parte de un proyecto de vida específico. La pobreza no es privativa de los consagrados. Todos los cristianos estamos llamados a vivir en clave de pobreza cristiana.
Pobre no es quien no tiene nada, sino quien administra con libertad y generosidad aquello que le fue dado para bien de todos...
En definitiva, esta pobreza es una de las claves de vida del Proyecto de Jesús, el proyecto del Reino. Porque la pobreza alienta la fraternidad. Siendo pobres es cuando necesitamos pedir ayuda (a Dios, en primer lugar, y a nuestros hermanos, después), y allí se crean oportunidades para crear comunión.

POBREZA, FRATERNIDAD, COMUNIÓN... tres pilares de las nuevas relaciones humanas a las que Jesús nos invita a vivir en su Reino.

domingo, 28 de julio de 2013

La Oración: privilegio del humilde...

Comentario al Evangelio del Día de Hoy (EvDH)
Lc 11,1-13


"SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR..."
Los amigos de Jesús se deben haber sorprendido al ver en oración al Maestro. Quizás se preguntaban qué pasaba dentro de Jesús. Esa experiencia de intimidad, silencio y comunión profundas que veían en el Señor. Y por eso le hacen ese pedido tan osado... "enséñaños a orar". No pedían poca cosa... ellos querían aprender a orar, a vivir eso que Jesús vivía cuando entraba en comunión con su Padre y de lo que ellos eran testigos.La osadía de los discípulos de pedir semejante cosa, nace de la experiencia de la humildad. Ellos se sienten necesitados; quizás podrían haber experimentado: "no sabemos orar...", "necesitamos esa paz...", "anhelamos ese encuentro...". Pero lo importante es que el deseo de aprender a orar, nace del reconocimiento sincero y humilde de saberse carentes y necesitados. 


"CUANDO OREN, DIGAN: PADRENUESTRO..."

Jesús les abre la puerta al camino de la oración, enseñándoles lo que nosotros hoy conocemos como "el padrenuestro". Es esa oración que recitamos desde pequeños y casi automáticamente. Sin embargo -a pesar que para nosotros hoy pueda resultar una fórmula- esa oración constituye más que una fórmula, ES UN MODO DE ORAR. Si nos detenemos en la secuencia que sigue a dicha oración, podremos notar que primero se bendice el nombre de Dios y se pide que se cumpla siempre su Voluntad, luego se pide el pan cotidiano y el perdón de las ofensas cometidas, y por último se implora la ayuda de Dios en los momentos de prueba. Es decir, Jesús nos enseña a orar de éste modo: siempre y ante todo ALABAR Y BENDECIR. En todo momento y situación... Luego PEDIR, necesidades, perdón y protección... Este modo de oración cristiana, nace de la experiencia del reconocernos HIJOS AMADOS DEL PADRE. Una persona que goza de su condición de hijo, no necesita estar repetitivamente pidiendo perdón -aún cuando sepa y se reconozca en falta- sin antes de dar gracias y bendecir el hecho mismo de ser hijo. Es necesario pedir perdón, pero no bajo la conciencia de la culpa escrupulosa de quien solo ve en sí mismo faltas, sino del hijo que actuó mal y se alejó del amor del Padre. Por eso también pedimos que se cumpla su Voluntad, porque es un Padre Bueno, que no puede querer algo malo para nosotros. Sólo desea lo bueno, siempre.  Este es el modo en el que nos enseña a orar Jesús... como hijos confiados de un Padre, que nos ama tanto, que siempre quiere lo mejor para nosotros; y eso es motivo de alegría, gozo y alabanza, en primer lugar, y de súplica, pedidos y contricción, ante la caída.

"¡CUÁNTO MÁS EL PADRE DEL CIELO DARÁ EL ESPÍRITU SANTO A AQUELLOS QUE SE LO PIDAN!"
Jesús cierra su enseñanza sobre la oración prometiendo con certeza que el Padre da su Espíritu a quienes se lo pidan. Ya no sólo nos da las cosas que necesitamos, sino que nos da el Espíritu Santo, Su Espíritu, es decir, se da a sí mismo.
En éste versículo final, Jesús nos muestra que la oración, que es un encuentro íntimo con Dios, es sobretodo un encuentro con la Trinidad. En la oración nos es permitido entrar en el corazón mismo de Dios, que es la Santísima Trinidad. Allí se nos permite experimentar -de acuerdo a nuestras posibilidades- todo lo que  Dios vive intratrinitariamente. Por eso los frutos de una oración genuina son paz, gozo, comunión, amor, perdón, fraternidad, servicio, mansedumbre, consuelo. Todo ello vive en el corazón de Dios y nos es permitido experimentarlo como anticipo de la Gloria eterna que nos espera. 
Cada oración es vivir por un instante el cielo, ya aquí y ahora. Porque nuestro corazón se sumerge en la Trinidad y reposa en ella.
La oración nos afirma en el camino de seguimiento de Jesús,  nos hace más trinitarios y nos centra en Cristo. 
La oración no debe ser lujo de los que tienen tiempo. Es la savia que nutre el corazón y que lo despabila del extravío cuando cae en el enojo, el resentimiento y la soledad. Es aquello que nos oxigena cuando sentimos que estamos por caer, porque nuestras fuerzas no dan para más. 
La oración es la plegaria del humilde, porque no ora quien se siente seguro de sí mismo, sino quien se sabe pobre y pecador, y no lo hace por vergüenza y culpa, sino por amor confiado y esperanzado.
AMEN



sábado, 20 de julio de 2013

Comentario EvDH


MI AMIGO, MI AMADO  
Fray Wilson Ossa B. ocd

“Este es mi siervo a quien elegí, mi amado en quien me complazco”(Mt 12)



Ser feliz es compartir la suerte del amigo, los amigos verdaderos se reconocen en las pruebas, en los mismos interés por los que luchan, ser amigo de Dios es hacer la voluntad del Padre como Jesús: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” Jesús nuestro amigo nos corrige y nos guía para que seamos amigos del Padre, para que entremos en su intimidad, para que le seamos agradables a Dios, con sus actitudes nos va formando para la amistad divina. Es un amigo verdadero que nos coloca en amistad con sus amigos. “los amigos de mis amigos son mis amigos”.
“En ti solo me he agradado, oh vida de vida mía, eres lumbre de mi lumbre, eres mi sabiduría, figura de mi substancia en quien bien me complacía” dice de Jesús el Padre Dios en la voz de san juan de la cruz. La actitud mansa y humilde de Jesús, la fortaleza y constancia con la que siembra la justicia y el derecho, llevando sobre si el pecado y sacándolo del cuerpo de los hombres, sin gritos, sin violencias, la mansedumbre majestuosa y pacífica con la que revela la verdad de Dios como un amor fuerte y poderoso, la misericordia que se abaja a los pequeños, los pecadores, los enfermos, son los rasgos que hacen del Hijo de Dios el predilecto del Padre y es por ende el camino que nos regala para serle agradable a Dios:“Nada me contenta Hijo fuera de tu compañía / y si algo me contenta / en ti mismo lo querría, el que a tí mas se parece/ a mi más satisfaría/ y el que en nada te asemeja/ ese en mi nada hallaría”.

No porfiará, no gritará, no voceará por las calles, no apagará el pábilo vacilante…, así lo vimos camino de la cruz, en su pasión, manso,” el más hermosos de los hijos de los hombres, el amigo verdadero que nos acompañó en todas nuestras oscuridades, Yendo victorioso por la verdad y la justicia para atraernos al amor del Padre y por esa seducción introducirnos en el misterio de amor que El mismo goza.
Ser feliz es compartir la suerte del amigo, ser amigo de Jesús, amarlo es hacer lo que El nos dice, hacer la voluntad del Padre como el la cumplió, es el único requisito que nos coloca para gozar de su intimidad, de sus hondos secretos, del amor infinito que es El, ese amor que tantas veces se ha encarnado en el misterio de los amigos, que se acercaron y nos hicieron comprender la presencia del Dios humanado…, a todos ustedes, mi abrazo fuerte, mi cariño grande, a los que sobretodo me acompañaron cuando la oscuridad se tomó mi vida, y los ví, sorprendido y sonriente, acompañándome a llevar la cruz, mis amigos…esos que están allí junto a la cruz,… y que me encarnan esta frase: “viendo al discípulo que tanto quería…” a esos que les entregaría con toda el alma con María, el cuerpo, la sangre.


domingo, 7 de julio de 2013

Comentario EvDH. Por Fray Wilson D. Ossa B. ocd

DIALOGOS DE PAZ

“Sus deseos de paz se cumplirán” (Lc 10)
Los verdaderos diálogos de paz ocurren en la oración; allí, el alma sustentada por Jesús, es consolada de sus inquietudes y ambiciones (como pueden hablar de paz los que tienen otras ambiciones distintas a ella misma) El que ora se hace instrumento de paz. La experiencia profunda de que Dios reina en un alma es la paz. El Reino de Dios es paz, gozo y justicia en el Espíritu Santo dice san Pablo. (Miremos donde nace la justicia, en Dios, que nos comunica a todos su ser mismo, en eso es justo, en que para todos es el mismo Dios, el único bien que no se acaba). Como efusión del Espíritu en el alma es un rio de consuelo, de ternura que comunica esencialmente el Padre a sus hijos en Jesús. “Como niños de pecho los llevará en sus brazos, sobre sus rodillas los acariciará, como una madre consuela a su hijo, así os consolaré yo”


La paz es la experiencia del amor poderoso conque Jesús venció todos los odios, las violencias, el pecado y es un amor que no nos deja en paz. que nos lanza a anunciarla. Es la primera palabra del resucitado a los apóstoles. “la paz esté con ustedes”. La auténtica paz, no como el mundo la da, proviene de esta experiencia de haber nacido de nuevo con Jesús resucitado, de la certeza de la comunión con Dios en su propia vida eterna, ya no hay nada más que pedir. “Lo que importa es esta nueva creación, los que viven según este principio gozarán la paz y la misericordia divina”
los discípulos edificados en esta paz son enviados a comunicar con sus propias vidas la experiencia que llevan, no van buscando una paz que no tienen ni implantando lo que en ellos todavía no ha ocurrido. En la oración han vivido a plenitud la comunión con el Espíritu de Dios, ahora anuncian, aunque a veces no los reciban, una nueva manera de ser. “Cuando entren en una casa saluden con a los que en ella viven y si hay allí quien los acoja esos deseos de paz se cumplirán”.

Recostados en el pecho de Jesús, consolados con sus amor, el alma es colmada de gracias y virtudes que se suyo hacen al alma pacifica, mansa, fuerte tanto que ni el mundo, ni el demonio, ni la carne pueden robarle esta verdadera seguridad, esta vida así, es la certeza que son enviados a comunicar al mundo.

¡pas…pas…pas!… asi suenan las armas, los golpes, cuando incluso quieren construir la paz. Paz…a los hombres de buena voluntad…así resuena el cantico de los ángeles la noche de navidad, cuando Dios nos dijo que era uno con nosotros, uno de nosotros, que Dios vive en cada hermano, en el guerrillero, en el paramilitar, en el campesino, en el indígena, en el soldado…, quizás tanta sangre derramada tenga el poder de suplicar a Dios que venga su reino, que venga la paz.

sábado, 6 de julio de 2013

Amar sin límites

"Encontré la paradoja: Sí amas hasta que te duela, ya no habrá mas dolor, solo más amor"

Beata Teresa de Calcuta

sábado, 29 de junio de 2013

Decididos a todo... caminamos hacia Dios, abrazando el HOY...

Comentario EvDH 
Lc 9, 51-62 

El evangelio pareciera decir algo de Jesús que ya sabemos. Lo hemos oído cientos de veces durante la celebración de la Pascua. Jesús va camino hacia su Pascua.

"Como ya se acercaba el tiempo en que sería llevado al cielo, Jesús emprendió resueltamente el camino a Jerusalén."

Éste domingo, Lucas, comienza con un dato que podríamos interpretar como novedoso. Parece querer decirnos que Jesús abraza su cruz aún antes de que ella esté sobre sus hombros. Abraza lo que -ya sabe- está por venir. La Voluntad de su Padre es que Él salve al mundo y le reconcilie con Dios, y para ello debe ser crucificado, morir y resucitar al tercer día. Pero para Jesús es más que sólo el designio de su Padre. Hace suyo ese deseo de Dios y lo abraza y -dice Lucas- emprende su camino "resueltamente" hacia Jerusalén.

Va camino hacia el culmen de su vida, va a crucificar su humanidad para salvar la nuestra. Nadie más que él lo sabe con certeza. Los discípulos lo han escuchado hablar de éste momento, pero muy probablemente, sus amigos se niegan a creer que ello pueda ocurrir. Aún así Jesús sabe que se enfrenta "al momento más sublime y doloroso" de su vida. 
Sin embargo no deja de preparar los corazones de los discípulos llevándolo con Él. Este Maestro es tan delicado y atento, y ama de una manera tan radical, que aún cuando él mismo está camino a su cruz, piensa en sus amigos.  Todo el camino que recorren, es un camino de preparación para éstos pequeños hombres que son débiles y frágiles pero que aún así aman entrañablemente a su Maestro, puedan prepararse para el acontecimiento central de la vida de Cristo. Él lo sabe, por eso camina con ellos, y hace gestos y dice palabras que les ayuden a prepararse. 

Aparecen hombres buenos, quizás deslumbrados por la vida y el mensaje de éste "Hombre de Dios", y expresan que desean seguirle. Alguno se ofrece, otros son invitados. Sin embargo, ninguno de ellos se suma a la comunidad. 
¿Por qué?
Sencillamente porque ninguno acepta la cruz.  Quieren seguir al Señor, pero soslayando la dimensión de renuncia que tiene el seguimiento.



"Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre"... "Te seguiré, Señor, pero antes déjame despedirme de mi familia"... 

¿No son éstos acaso motivos válidos para todo ser humano bien nacido y bien educado..? ¿No nos suena violento el hecho de que Jesús exija una decisión tan radical, aún implicando ello darle la espalda a nuestros afectos primarios? 
Todo camino de seguimiento del Señor -tal como concebimos al cristianismo- es un éxodo permanente. Debemos caminar "sin prisa pero sin pausa" abandonando nuestras seguridades, por buenas que ellas sean. Incluso, aún cuando fueran santas seguridades... 
Despojados de toda seguridad y previsión, caminar libres HOY, haciendo que nuestra única seguridad sea Dios.
Impresionan la crudeza de las palabras de Jesús. Pero ¿no impresiona más aún caer en la cuenta de que el Señor dice todo esto, consciente de que camina hacia el momento más trágico y brutal que una persona puede vivir..? 
Aquí caemos en la cuenta que sus palabras tienen otro peso. No hay metáforas. Hay realidad, cruda y bruta. 
El Señor aclara cómo es su seguimiento... La cruz es parte del camino, y quien quiera evitarla, no está a la altura de la circunstancia y aún no ha comprendido qué es ser cristiano. O sencillamente no lo quiere ni lo acepta. 

La cruz no es primariamente sufrimiento o dolor. Es renuncia, negación a uno mismo. Es entrega desinteresada y radical a los demás. No estigmaticemos el sufrimiento, victimizándonos como si los cristianos fuéramos los que más sufrimos, o como si -peor aún- Jesús nos pidiera disposición a sufrir lo que nadie desea sufrir. Esto es posible como una gracia especialísima de Dios para algunos elegidos a quienes desea unirse de ese modo. Sin embargo, para el resto de los mortales abrazar la cruz es una decisión de vida cada día: vivir mi propia vida en clave de entrega a los demás, independientemente de que la valoren o no. Dar la vida es darla, no condicionarla a quién la reciba. Y este seguimiento al que el Señor nos invita, es para hacerlo HOY.  El único tiempo que Dios conoce es el presente. Un aquí-y-ahora centrados y empeñados en abrirnos al Amor de Dios que nos llama y nos invita a vivir nuestra vida en clave de entrega. Allí está la cruz. Renunciar a vivir sufriendo por el pasado que nos duele, o ilusionados por el futuro que ha de venir...¡NO! Seguir a Cristo hoy, es el desafío de vivir cristianamente.

Finalmente el Evangelio de este domingo nos regala dos semblanzas. 
Cada una de ellas, muestra un tipo distinto de discipulado. 
Los que lo siguen (apasionados, más o menos inconscientes, decididos, limitados y hasta un poco engreídos quizás) y aquellos que desean de corazón seguirle, pero que aún están tan centrados en sí mismos, que necesitan tiempo para mejorar su situación y su vida, o terminar de ordenarla, y recién allí seguirle. 
Los primeros son pecadores, pero caminan con decisión porque han podido dar el salto de Fe y mirar a Dios -y no confiar en sus propias fuerzas ni desconfiar de sus pecados del que son conscientes-, y así sólo confiar en Él.
Los segundos deben haber sido hombres honestos y buenos, pero en definitiva temerosos y egocéntricos. No pudieron ver más que sus necesidades

"Dios no llama a los capaces, sino que capacita a los que llama" profería una mujer de Dios.... 
¡Y cuánta verdad en estas palabras...!

Reconozcámonos como lo que somos: pecadores, frágiles y pobres necesitados de la Gracia de Dios. Pero así y todo, hombres y mujeres de fe, decididos a caminar en docilidad al Espíritu Santo para abrazar -como Jesús- el Designio de Dios para nuestras vidas, "crucificándonos" cada día a través de la entrega sincera, desinteresada, en el servicio a los que más nos necesitan, perdonando, y  dándonos sin pensar en lo frágiles que somos (aunque ésta sea una realidad que nos golpea).