Comentario EvDH: Jesús multiplica los panes...
Lc 9,11-17
"La multitud los siguió... Él los recibió y les habló del Reino de Dios, y devolvió la salud a los que tenian necesidad de ser curados..."
Jesús no pasaba desapercibido. Su presencia irradiaba algo poderosísimo que hacía que la gente le buscara y le siguiera. La misión de Jesús fue simple: hablar y vivir en absoluta y radical coherencia lo que desde siempre vivió con el Padre, con su Padre. Esa sencillez para hablar e irradiar a Dios fue cautivante para las personas de su época. Ese corazón tan tierno y compasivo, que hacía que nada pasara por alto: los recibe, el habla del Reino -que es la forma de hacerlos partícipe del proyecto del Padre- y cura sus dolencias y enfermedades...
Hasta aquí Jesús hace lo que muchos otros maestros podrían haber hecho. No hay nada de extraordinario en ésta sencillez cautivante.
Los Apóstoles, están preocupados por esa marea humana que está junto a ellos. ¿Qué comerán? ¿ Dónde dormirán? ¿Qué será de ellos? Es la genuina preocupación de estos hombres que se sienten responsables y le interpelan al Maestro. Jesús les lanza un desafío: "dénles de comer ustedes mismos".
A partir de aquí podemos ver a Cristo actuante y atento... Pide lo que ellos tienen (cinco panes y dos pescados) y hace ese signo maravilloso de la multiplicación del alimento que permite nutrir a esa inmensa multitud. Como milagro es un signo maravilloso de la divinidad de Jesús y de su poder y su amor incomensurable. No hay dudas de ello.
También Jesús quiere decirnos algo hoy a nosotros...
Nuestro mundo busca a Dios, y permanece hambriento y con sed de descanso y de paz profundas. Nosotros también, como los apóstoles, le interpelamos muchas veces al Señor... Y Jesús hoy nos viene a lanzar el mismo desafío a nosotros: "dénles de comer ustedes mismos".
¿Cuáles son nuestros cincos panes y dos pescados?... ¿Cuáles son aquellas cosas que tenemos como seguridades propias pero que sentimos que no nos alcanzan para saciar la sed de nuestros hermannos?
No importa qué cosas sean. Jesús hoy no viene a reclamarnos algo. Todo lo contrario, quiere mostrarnos ese hermoso (y a veces inexplicable) camino que ha elegido para relacionarse con nosotros. Hacer todo a medias. Es la historia de un amor tan profundo que quiere hacer alianza con el hombre y quiere escribir una historia de a dos. Jesús podría haber materializado el alimento para esa multitud, pero no. Eligió usar los cinco panes y los dos peces que ellos ya tenían. Porque para Dios nosotros somos importantes. No somos simples receptores de su divinidad y su salvación. Somos hijos amados desde siempre, y todo lo que nos pasa, lo que tenemos y vivimos es materia prima que el Señor utiliza para transformarla en comunión de amor, que es semilla de salvación...
"Bendito seas Señor Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; el será para nosotros pan de vida..." reza el sacerdote en la liturgia eucarística...
Este pan que fue multiplicado por el Señor, es signo del Pan de Vida a través del cual ha elegido quedarse con nosotros: La Eucaristía. Ese pedazo de pan, simple y sencillo, accesible a todos, disponible para todos, que esconde la presencia real del Señor. Su cuerpo entregado y su sangre derramada en la cruz, hoy en esta fiesta del Corpus Christi, se une a nuestra vida que nosotros, como los discipulos con sus panes y sus peces, se lo entregamos para que Él lo transforme en comida de Vida Verdadera.

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