POR EL CAMINO ESTRECHO
“Cuán estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida y son pocos los que lo encuentran” (Mt7)
“Este es el camino de los que confían en sí mismos, el destino de los hombres satisfechos, son llevados al abismo como un rebaño cuyo pastor es la muerte…porque el hombre no perdura en el lujo y al igual que los animales muere” (sal 48). El camino que conduce a la salvación es estrecho porque lo que nos salva es la fe en el amor de Dios revelado gratuitamente en Cristo Jesús. La experiencia de este amor supone un abandono completo en la misericordia divina, entre más desvalida el alma, entre menos apoyada en sí, en otros, o en algo, más aferrada a lo que Dios le da en cada instante: su bendición, su vida, la prosperidad.
El camino de la salvación es estrecho porque supone un no apoyarse en ninguna experiencia de bienes materiales o espirituales para poderse unir a Dios en su Espíritu, sentirse sostenido por su brazo. Casi toda nuestra experiencia cristiana ha sido comprobar como, por amor, el Señor nos va despojando de lo sensible y espiritual hasta quedar abandonados en el poderoso amor del Padre. El abandono y el agradecimiento es lo que puede ofrecer a su Dios la criatura, sin fe es imposible agradarle al Señor y con ella obtendrá todo cuanto le pida.
Santa Laura Montoya gozaba de abandonarse confiada en las manos del Señor y era esa confianza absoluta la que le obtenía milagros extraordinarios como la resurrección de los muertos, la liberación de las plagas. Confianza absoluta, herencia de María para su hijos llamados y escogidos, pequeños y humildes con ella, como ella, abandonados en las manos de Dios “ Cuando diré lo que siento de la confianza amorosa? Es almohada en la que descanso tranquila, es barca en la que me libro de las borrascas de la vida, es el ala que me cubre, es en fin, la atmósfera que me envuelve, es como la misma mano de Dios que me sostiene, es la compañera inseparable de la oración, sin la cual, esta reina nada puede”.
Pero este tesoro que se descubre, el reino de Dios habitando en el alma del que ha vendido todas las perlas por aquella de inigualable valor, no puede ser recibido sino por el alma humilde, de lo contrario la doctrina y el ejemplo son destrozados, aquí se pide el discernimiento de cuándo y a quién entregar este tesoro, almas dispuestas. No es de extrañar que en medio de las situaciones más difíciles de la vida, la ruina económica, la separación de los seres que amamos, la enfermedad, se nos esté regalando la oportunidad de finalmente entregarnos al Señor con fe, de retomar el camino que nos conduce a la salvación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario