domingo, 6 de octubre de 2013

Una propuesta para valientes y enamorados...

Comentario al Evangelio del Domingo
Lc. 3b - 10

Lucas nos presenta en éste texto, el final de una serie de recomendaciones que Jesús hace a los discípulos, mientras camina con ellos hacia Jerusalén. En ésta 2ª parte del viaje, tal como lo presenta Lucas, Jesús quiere mostrarnos cuál es el rostro y la identidad del verdadero cristiano. 


"Si tu hermano llega a pecar, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo"
El perdón es un rasgo fundamental de la vida cristiana. No se entiende el seguimiento a Jesús, si  no hay capacidad de perdonar. Las heridas de la vida, los dolores acumulados a lo largo del camino, las desilusiones sufridas, las traiciones de los más cercanos.... nos endurecen el corazón. Nos imposibilitan caminar con libertad, porque arrastramos por la vida todas aquellas situaciones. No somos libres, nos hemos esclavizado al pasado (heridas, desilusiones, traiciones) y permanecemos anclados en él. Dejamos de vivir en el presente para vivir-del-pasado. Dios no conoce más que un sólo tiempo: el Presente. Dios obra, ama, restaura, salva aquí-y-ahora. Por eso la primera recomendación del Señor es  perdonar, que es también una invitación a no vivir del pasado y en el pasado. Es vivir el presente, como tiempo lleno de Dios, libres y liberados de toda falta de perdón.

"Señor auméntanos la Fe"
Esta pregunta de los apóstoles, pareciera no tener nada que ver con lo que Jesús acaba de decirles. Sin embargo, resulta posible que ellos hayan caído en la cuenta que ese perdón al que Jesús los invita es un camino que supera sus fuerzas, y por eso el pedido: auméntanos la fe. Claro... el perdón humano es un don, un regalo de Dios ante todo, que debe ser recibido y multiplicado por cada uno de nosotros. Ésta fe de la que habla Jesús, es una invitación a la confianza de hijos. Es confiar en que aquello que nos fue prometido, por loco que parezca a nuestros razonamientos, se cumplirá. Confianza radical y abandonada en Dios.

"Somos siervos inútiles, hicimos lo que teníamos que hacer"
Esta expresión puede sonarnos dura... "inútil" suena quizas hasta ofensivo a nuestros oídos. Es simplemente un recurso que utiliza Lucas, para resaltar la pequeñez del servidor. Así, la inutilidad del siervo no está dada por su dignidad (no es malo ser siervo, es decir, servir a otros) sino por la pequeñez de su tarea. Con ésta expresión Jesús nos invita a una actitud de profunda humildad. Hacer lo pequeño que nos toca, cada día, sabiendo que aun por pequeño, no es menos importante ni escapa a la mirada y al amor de Dios.

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LA FE CRISTIANA NO ES UNA PRENDA DE ROPA QUE PODEMOS PONERNOS PARA CIERTAS OCASIONES DE LA VIDA, Y QUE -POR ENDE- TAMBIÉN PODEMOS SACÁRNOSLA CUANDO NOS INQUIETE. Tampoco es un código ético que consiste en cumplir determinados mandatos o prescripciones para vivir bien. 
Es una forma de vivir, un estilo que impregna todo lo que hacemos y lo que somos. Es un ideal de vida que nos ayuda a caminar cada día. ES, ESENCIALMENTE, EL ENCUENTRO CON JESÚS RESUCITADO Y CON EL DIOS QUE ÉL NOS REVELÓ. 

Hoy Jesús nos propone vivir ésta Fe desde tres actitudes: PERDÓN A LOS HERMANOS, CONFIANZA RADICAL EN DIOS Y HUMILDAD SINCERA DE CORAZÓN. Todo un programa de vida que nos alienta a vivir concretamente en el dia a dia de nuestra vida, desde estas 3 actitudes: en el trabajo, en la facultad, en casa, con los amigos, en tu noviazgo o matrimonio.... 
Dios te bendiga con estos 3 dones para que tu Fe crezca, y creciendo dé frutos de solidaridad con los demás...

viernes, 20 de septiembre de 2013

Entrevista al Papa Francisco



A continuación les comparto el link con la entrevista realizada al Papa Francisco, por la Civiltá Catollica, periódico católico italiano....
Les sugiero la lectura para informarse de primera mano y así contar con elementos de análisis propios.








domingo, 15 de septiembre de 2013

¿En qué Dios crees..?

Comentario al Evangelio del domingo
Lc 15, 1-32


Quién es tu Dios..? Cuál es su rostro..? Esta es la pregunta que subyace en el mensaje de Jesús hoy.

“Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos…”
La libertad que Jesús experimentaba era una libertad radical. Ningún falso respeto humano ni tampoco ninguna forma social de su época podía limitarlo… La espiritualidad de Jesús miraba al corazón herido de cada ser que se cruzaba y sólo eso le preocupaba…
Jesús responde con la conocida historia del padre y sus dos hijos: el rebelde y el leal. Aquí también podemos vislumbrar la libertad radical de los 2 hijos para elegir su camino. El rebelde sólo atina a decir “padre, dame la parte de la herencia que me corresponde” y emprende un camino cuyo retorno será penoso para él. Mientras que el hijo leal, al ver la reacción de su padre no puede menos que expresar “'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos…!”. Una reacción humana muy comprensible probablemente, para nosotros que vivimos en un mundo cuyo parámetro intenta ser la Justicia.

“Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'”
Jesús cierra la historia con estas palabras del padre. Y con ello quiere proponernos un nuevo modelo, una nueva manera de vivir. La justicia (dar a cada uno lo que le corresponde) es buena, pero insuficiente. Jesucristo quiere proponernos una nueva forma de vivir: LA MISERICORDIA.
Etimológicamente misericordia es una palabra compuesta, cuyas raíces latinas son miser= miseria y cordis= corazón. Podríamos decir que una acepción posible es compadecerse ante el sufrimiento.

“El padre dijo a sus servidores: Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos…”
Esta alegría del Padre y estos preparativos nos hablan de una fiesta. Pero no cualquier fiesta. Es una fiesta de alianza, “anillo en el dedo”… “ternero engordado”… Es una verdadera FIESTA DE ALIANZA. Y una alianza siempre se realiza entre dos personas que deciden unirse entregando simbólicamente algo propio, como ofrenda al otro con quien se une.
El Señor en este domingo quiere proponernos una alianza, UNA NUEVA ALIANZA, no ya realizada sobre la base de la justicia, sino uniéndonos en la MISERICORDIA. Y para ello, somos invitados nosotros a ofrendarle al Señor, nuestra miseria, y EL nos ofrece su corazón… para hacer realidad ese misterio de amor misericordioso… Dios pone su corazón en nuestra miseria. 


Esta es la base de la nueva alianza que nos propone el Señor. Vivir conscientes de nuestra fragilidad y nuestra pobreza pero sin sentir que ellas nos alejan de Dios. Todo lo contrario. Ellas son el objeto de amor de este Padre misericordioso para con nosotros. Allí pone su corazón; es decir, sus preocupaciones, sus delicadezas, sus permanentes cuidados y atenciones. 

Éste es el rostro del Dios cristiano, el Dios de Jesucristo. No es un dios de perfectos, sino un Dios Padre que ama a los pecadores, a los afligidos, a los que sufren. Y nosotros estamos llamados a vivir así. Amando, acompañando, acogiendo a quienes sufren, a quienes están extraviados, sin juzgar ni condenarlos. 
Demos Gloria a Dios por tener un Padre Bueno y misericordioso que nos ama así… ¡Qué libres podemos sentirnos y cuán amados…!

domingo, 8 de septiembre de 2013

La pobreza que libera...

Comentario EvDH
Lc. 14, 25-33

"COMO LO SEGUÍA MUCHA GENTE, JESÚS SE DIRIGIÓ A ELLOS Y LES DIJO..."
Jesús ve que mucha gente le sigue. Sabe que su palabra y su misión deslumbran a los de su tiempo.
Sin embargo, hace falta más que eso para seguirle...


"SI ALGUNO QUIERE VENIR CONMIGO Y NO ESTÁ DISPUESTO A RENUNCIAR..."
Jesús les habla de la renuncia como condición de seguimiento. Ya lo ha dicho muchas veces en su vida pública. Hoy se lo vuelve a repetir a la multitud.
La renuncia de la que habla Jesús se refiere al desprendimiento. Él, como hombre íntegro y pleno que es, sabe que somos seres hechos para la vida social y que nuestros afectos son una parte importante de la vida, por ello no nos pide "dejar de querer" a los nuestros. Sí nos pide, en cambio, una actitud de desprendimiento radical que no nos ate a nada ni a nadie.
¿Se puede vivir ésta libertad que Jesús nos pide?
Definitivamente sí. A condición de que asumamos que este desprendimiento es una gracia -consecuencia de nuestra decisión de seguir al Señor con actitud firme- que debe ser sostenida por una vida de oración y comunión profundas con el Señor, y por una sana forma de vincularnos con los demás.
Nadie, librado a su propia humanidad, puede vivir este desprendimiento. Nuestra condición humana tiende a hacernos seres posesivos y controladores. Buscamos seguridades en todo lo que hacemos: en los amigos, en el noviazgo, en una profesión, en el dinero, en nuestra imagen por la que tanto trabajamos para construir y sostener...
La invitación de Jesús hoy es a desprendernos de las preocupaciones que nos oprimen el corazón, que nos quitan la paz. ¡Cuántas ansiedades inútiles vivimos..! ¡Cuánto sufrimiento nos ahorraríamos si sólo aceptáramos la vida tal como es, y no nos empeñáramos en sufrir por lo que no tenemos, o por lo que no conseguimos..!
La cultura en la que hemos crecido nos ha enseñado que la pobreza es mala. Que es signo de mediocridad, y de falta de expectativas. La pobreza es un oprobio. Y claro que pensar en la pobreza, en términos materiales, es algo que nos asusta y nos atemoriza. La pobreza material no agota el sentido de la pobreza cristiana. No hay duda que quienes son pobres materiales, lamentablemente, viven muchas otras pobrezas que van aparejadas y que son lamentables e injustificables. Cristo mismo sufre en forma particular esas situaciones... Y nosotros estamos llamados a colaborar en todo para evitar, corregir, y ayudar en todo lo posible a estos hermanos.
Pero no son sólo pobres los que no tienen dinero. Somos pobres cada vez que nos aferramos a nuestras seguridades y nos declaramos independientes de Dios. Nos empobrecemos justo cuando empezamos a sentirnos seguros de lo que somos (moral, espiritual o profesionalmente), de lo que tenemos (dinero, bienes, honores) o de lo que carecemos (trabajo, una vida diferente, etc).
Por eso la pobreza cristiana (el desprendimiento) es una escuela  de libertad y sabiduría, de la que nunca nos graduamos.
La pobreza libera nuestro corazón para usar con libertad todo lo que tenemos (bienes, títulos, dinero) y compartir con nuestros afectos, sin aferrarnos a ellos.

"AQUEL DE USTEDES QUE NO RENUNCIA A TODO LO QUE TIENE, NO PUEDE SER MI DISCÍPULO..."
En el cristianismo, la pobreza se ha desnaturalizado en el momento en que se institucionalizó como parte de un proyecto de vida específico. La pobreza no es privativa de los consagrados. Todos los cristianos estamos llamados a vivir en clave de pobreza cristiana.
Pobre no es quien no tiene nada, sino quien administra con libertad y generosidad aquello que le fue dado para bien de todos...
En definitiva, esta pobreza es una de las claves de vida del Proyecto de Jesús, el proyecto del Reino. Porque la pobreza alienta la fraternidad. Siendo pobres es cuando necesitamos pedir ayuda (a Dios, en primer lugar, y a nuestros hermanos, después), y allí se crean oportunidades para crear comunión.

POBREZA, FRATERNIDAD, COMUNIÓN... tres pilares de las nuevas relaciones humanas a las que Jesús nos invita a vivir en su Reino.

domingo, 28 de julio de 2013

La Oración: privilegio del humilde...

Comentario al Evangelio del Día de Hoy (EvDH)
Lc 11,1-13


"SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR..."
Los amigos de Jesús se deben haber sorprendido al ver en oración al Maestro. Quizás se preguntaban qué pasaba dentro de Jesús. Esa experiencia de intimidad, silencio y comunión profundas que veían en el Señor. Y por eso le hacen ese pedido tan osado... "enséñaños a orar". No pedían poca cosa... ellos querían aprender a orar, a vivir eso que Jesús vivía cuando entraba en comunión con su Padre y de lo que ellos eran testigos.La osadía de los discípulos de pedir semejante cosa, nace de la experiencia de la humildad. Ellos se sienten necesitados; quizás podrían haber experimentado: "no sabemos orar...", "necesitamos esa paz...", "anhelamos ese encuentro...". Pero lo importante es que el deseo de aprender a orar, nace del reconocimiento sincero y humilde de saberse carentes y necesitados. 


"CUANDO OREN, DIGAN: PADRENUESTRO..."

Jesús les abre la puerta al camino de la oración, enseñándoles lo que nosotros hoy conocemos como "el padrenuestro". Es esa oración que recitamos desde pequeños y casi automáticamente. Sin embargo -a pesar que para nosotros hoy pueda resultar una fórmula- esa oración constituye más que una fórmula, ES UN MODO DE ORAR. Si nos detenemos en la secuencia que sigue a dicha oración, podremos notar que primero se bendice el nombre de Dios y se pide que se cumpla siempre su Voluntad, luego se pide el pan cotidiano y el perdón de las ofensas cometidas, y por último se implora la ayuda de Dios en los momentos de prueba. Es decir, Jesús nos enseña a orar de éste modo: siempre y ante todo ALABAR Y BENDECIR. En todo momento y situación... Luego PEDIR, necesidades, perdón y protección... Este modo de oración cristiana, nace de la experiencia del reconocernos HIJOS AMADOS DEL PADRE. Una persona que goza de su condición de hijo, no necesita estar repetitivamente pidiendo perdón -aún cuando sepa y se reconozca en falta- sin antes de dar gracias y bendecir el hecho mismo de ser hijo. Es necesario pedir perdón, pero no bajo la conciencia de la culpa escrupulosa de quien solo ve en sí mismo faltas, sino del hijo que actuó mal y se alejó del amor del Padre. Por eso también pedimos que se cumpla su Voluntad, porque es un Padre Bueno, que no puede querer algo malo para nosotros. Sólo desea lo bueno, siempre.  Este es el modo en el que nos enseña a orar Jesús... como hijos confiados de un Padre, que nos ama tanto, que siempre quiere lo mejor para nosotros; y eso es motivo de alegría, gozo y alabanza, en primer lugar, y de súplica, pedidos y contricción, ante la caída.

"¡CUÁNTO MÁS EL PADRE DEL CIELO DARÁ EL ESPÍRITU SANTO A AQUELLOS QUE SE LO PIDAN!"
Jesús cierra su enseñanza sobre la oración prometiendo con certeza que el Padre da su Espíritu a quienes se lo pidan. Ya no sólo nos da las cosas que necesitamos, sino que nos da el Espíritu Santo, Su Espíritu, es decir, se da a sí mismo.
En éste versículo final, Jesús nos muestra que la oración, que es un encuentro íntimo con Dios, es sobretodo un encuentro con la Trinidad. En la oración nos es permitido entrar en el corazón mismo de Dios, que es la Santísima Trinidad. Allí se nos permite experimentar -de acuerdo a nuestras posibilidades- todo lo que  Dios vive intratrinitariamente. Por eso los frutos de una oración genuina son paz, gozo, comunión, amor, perdón, fraternidad, servicio, mansedumbre, consuelo. Todo ello vive en el corazón de Dios y nos es permitido experimentarlo como anticipo de la Gloria eterna que nos espera. 
Cada oración es vivir por un instante el cielo, ya aquí y ahora. Porque nuestro corazón se sumerge en la Trinidad y reposa en ella.
La oración nos afirma en el camino de seguimiento de Jesús,  nos hace más trinitarios y nos centra en Cristo. 
La oración no debe ser lujo de los que tienen tiempo. Es la savia que nutre el corazón y que lo despabila del extravío cuando cae en el enojo, el resentimiento y la soledad. Es aquello que nos oxigena cuando sentimos que estamos por caer, porque nuestras fuerzas no dan para más. 
La oración es la plegaria del humilde, porque no ora quien se siente seguro de sí mismo, sino quien se sabe pobre y pecador, y no lo hace por vergüenza y culpa, sino por amor confiado y esperanzado.
AMEN